Y Ellos, &Iquest;Por QuÉ No Vienen?
Allá por los años de Maricastaña, cuando una querida, y hoy floreciente Sociedad de Cerámica comenzaba a dar sus primeros pasos, y afirmaba sus principios fundacionales en desnutridas y ralas asambleas técnicas, ocurría un fenómeno que hoy —después de varias vueltas a la manivela de la historia— vuelve a re-producirse en nuestra joven Sociedad Española de Cerámica. Nos referimos a la naturaleza y ala categoría de las personas asistentes a sus coloquios y asambleas. En general, las sociedades tecnológicas nacen por la voluntad de los empresarios que rigen las correspondientes ramas de la producción. Aunque parezca un contrasentido, estas personas manifiestan interés en esas sociedades, no por un afán de hacer avanzar las ramas de la técnica y de la ciencia implicadas, sino por un deseo de mejor conocer y aprovechar los conocimientos ya existentes. En una palabra, tienen los ojos puestos en las derivaciones prácticas de la ciencia y de la técnica, pero no en la ciencia ni en la técnica consideradas por sí mismas. Los técnicos y los científicos, por lo común, están más interesados en crear, transmitir y recibir los conocimientos que en las posibles repercusiones prácticas de los mismos. La ciencia y la técnica son para ellos un fin y no un medio. Pues bien, en las asambleas técnicas concurren personas representativas de ambos grupos, así como otras que no pertenecen claramente a ninguno de ellos. Las que ostentan representación gerencial asisten por propia iniciativa, en la mayoría de los casos, y no suelen tropezar con serios inconvenientes para sufragar sus gastos de asistencia. Las que provienen del campo técnico son, normalmente, personas más típicamente asalariadas y, por tanto, su propia iniciativa de asistencia no sirve de nada si no va acompañada de la correspondiente autorización y subvención por parte de los superiores de su empresa. Vemos así que el número y naturaleza de los asistentes a las reuniones técnicas depende en buena medida de la voluntad de las personas más allegadas a las gerencias de las empresas del ramo.
Admitimos como incuestionable la necesidad de que los gerentes vivan íntegramente, profundamente, todas las actividades de agrupaciones técnicas, como la Sociedad Española de Cerámica, y de que asistan regular y puntualmente a todas sus asambleas. Aparte de las razones de relación que valorizan lateralmente estas reuniones, el gerente debe estar deseoso de aprovechar al máximo el meollo técnico de las mismas. Puesto que su función en la empresa no exige de él un minucioso conocimiento de los problemas técnicos, es posible que su interés en las reuniones se limite a recoger las ideas de conjunto y a formarse ima certera imagen de las más modernas directrices de avance en los campos de la ciencia y de la técnica y de las repercusiones prácticas que dichos avances pudieran tener en especial para su empresa. Ahora bien, la empresa, como tal, debe beneficiarse al máximo de las reuniones técnicas y aprovechar, no solamente las orientaciones generales de los temas tratados, sino también absorber hasta los más pequeños detalles de las conferencias y de las discusiones. Además, no hay que olvidar que en estas sesiones públicas hablando se hace hablar, y que cuanto más profundas y acertadas sean las intervenciones, más jugosa será la discusión que susciten. Para lograr este pleno aprovechamiento de las reuniones técnicas, es necesaria la asistencia a las mismas de los representantes de las gerencias, pero también es absolutamente imprescindible la presencia de los técnicos, porque sus visiones y sus mentalidades son complementarias, y porque la empresa necesita los frutos recogidos por ambos. Si esto ocurre así, la Sociedad Española de Cerámica también se beneficiará de una mayor concurrencia de técnicos a sus reuniones. El ambiente se hará más estimulante, las discusiones serán más documentadas y, en general, los conceptos científicos y tecnológicos se expondrán y se analizarán con más meticulosidad, sin parar demasiada atención en las repercusiones prácticas de los mismos. La extracción de conclusiones útiles para la empresa ha de lograrse después, en la fábrica, cuando los asistentes elaboren reposadamente sus memorias, y si han sido varios, discutan entre sí las impresionas recogidas. Cuando aumente el número de técnicos que acudan a las salas de conferencias, las reuniones técnicas —sin perder su carácter social— ganarán en eficacia. Y los técnicos, que han pasado largos meses desarrollando en silencio sus tareas en fábricas y laboratorios, con escasa o nula comunicación exterior, descubrirán que no están solos y que otros muchos colegas suyos han pasado, o están pasando por las mismas dificultades que ellos. Es indudable que esta comunicación con personas de análoga formación y de similares intereses ha de constituir un estímulo para el fructífero desarrollo de su actividad profesional. Las empresas deben dar seria consideración a la llamada que se hace desde estas líneas. Sus técnicos no deben ni pueden por más tiempo permanecer enclaustrados entre las paredes de sus lugares habituales de trabajo. Necesitan contacto con el exterior. Necesitan establecer comparaciones y realizar contrastes. Necesitan el acicate de saber que trabajan peor que los demás o la satisfacción de saber que lo hacen mejor. Y necesitan, sobre todo, ahuyentar de su mente la sensación de soledad, que suele estar ligada a la de desánimo. Permitiendo la asistencia de los técnicos a las reuniones de la Sociedad, las empresas tienden nuevos canales para la llegada de conocimientos revitalizadores, y al mismo tiempo sitúan a esos técnicos en un ambiente estimulante, que es necesario para mantener viva en ellos la llama del espíritu creador. Por descontado se tiene que esta actitud generosa e inteligente por parte de las empresas habría de contribuir grandemente al auge de la Sociedad Española de Cerámica que tan de veras siente los problemas de supervivencia y desarrollo de esta rama de nuestra industria.
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