CerÁMica Antigua Y CerÁMica Moderna


Una parte importante de la producción cerámica actual tiene los mismos usos y las mismas formas que las piezas salidas de las alfarerías prehistóricas, Y desde luego que no será fácil mejorar sustancialmente las formas que idearon los hombres primitivos.
Si nos trasladamos desde aquellas remotas épocas a otras ya dentro del marco histórico, veremos aparecer una serie de formas más refinadas realizadas en pastas cerámicas mucho más selectas, todo ello como consecuencia del advenimiento gradual del conjunto de técnicas cerámicas que hoy consideramos como clásicas.
El desarrollo histórico de la cerámica ha sido, sin duda, un proceso lento, con-seguido en el transcurso de los siglos por el meritísimo esfuerzo de un artesanado laborioso e inteligente.
Mientras el empleo de los productos cerámicos ha estado restringido a ele-mentales aplicaciones domésticas, a usos decorativos y quizá a la construcción en sus requerimientos más simples, las artes cerámicas han seguido un proceso de desarrollo sosegado, espontáneo, sin metas muy definidas y, desde luego, sin plazos ni urgencias. En resumen, la cerámica clásica ha crecido en un clima de limitada responsabilidad utilitaria y siempre con márgenes amplios para las más diversas manifestaciones artísticas. Podríamos decir que la cerámica, sin el agobio de requerimientos y presiones externas, ha seguido un proceso histórico de espontáneo desarrollo de sus valores más puros y característicos.
La paz que secularmente ha disfrutado la cerámica comenzó a conmoverse con la llegada, a finales del siglo pasado, de la revolución industrial. Diversas ramas de la producción cayeron en la cuenta de que la cerámica podría ser una buena aliada para la realización de sus piruetas tecnológicas. Las industrias metalúrgicas, listas a dar gigantescos pasos adelante, vieron con desolación que sólo podrían hacerlo si nacía a su lado una poderosa industria de refractarios. Y la industria cerámica comenzó a bailar y sigue bailando y seguirá bailando al son de las exigencias de las industrias metalúrgicas. Aquella idílica paz de formas bellas plasmadas en pastas bellas fue atropellada vertiginosamente por la irrupción de conceptos tales como resistencia a los choques térmicos y a las escorias, comportamiento piroplástico a elevadas temperaturas, etc., etc.
Y aquello fué sólo el comienzo. Otras muchas industrias descubrieron y siguen descubriendo nuevos usos para los materiales cerámicos.
La dicha del ceramista no tendría límites si todas estas industrias consumidoras descubrieran nuevos usos para los productos cerámicos que él ya fabrica. Lo triste del caso es que la industria consumidora halla magníficos, a veces deslumbradores usos, para unos productos cerámicos que aún no se fabrican. Y exige que se fabriquen con unas características más y más rigurosas. El cerco se estrecha. Y van quedando menos variables sueltas. Se sabe, todo el mundo lo sabe, que tras cual-quier variable incontrolada o desatendida, puede estar agazapado el fracaso. La industria consumidora actual no está preparada para admitir fácilmente el fracaso y mucho menos si ese fracaso le puede llegar oculto en unos productos cerámicos que compra.
Exigencias de calidad, exigencias dimensionales, prisas, precios, competencia, variabilidad en las materias primas y combustibles. Aquella idílica paz que secular-mente disfrutó la cerámica se nos fué para siempre. La cemmica de hoy ya na es la de ayer.
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