Nuestro Congreso


La Sociedad Española de Cerámica, pese a sus pocos años de existencia, ha recibido de sus Sociedades hermanas, agrupadas en la Asociación Europea de Cerámica, el honroso encargo de organizar el XI Congreso Internacional de Cerámica. Para este acontecimiento se han señalado ya definitivamente las fechas comprendidas entre el 22 y el 28 de septiembre de 1968. A las sesiones y actos plenarios del Congreso, que tendrán lugar en Madrid, succédera un nutrido programa de visitas a las instalaciones cerámicas más importantes de España y Portugal.
Nuestro colegas portugueses, representados por el Gremio dos Industriais de Cerámica, han demostrado una vez más su fraternal espíritu de colaboración ofreciendo al Congreso la posibilidad de visitar sus mejores fábricas y organizando importantes actos sociales para los asistentes a las mencionadas visitas. A nosotros, como españoles, nos satisface íntimamente el que los ceramis-tas portugueses hayan querido sumar su prestigio al nuestro para realzar la importancia de este Congreso. En esta ocasión, como anteriormente en tantos otros trances históricos, los nombres de España y Portugal aparecerán unidos por el vínculo de un afán común.
Como ha expresado acertadamente el Presidente de la Asociación Europea de Cerámica, uno de los objetivos principales de estos Congresos es lograr que, en el breve plazo de unos días, los asistentes extraigan una imagen lo más com-pleta y real posible de la industria cerámica del país o países en los cuales se celebran. Resulta evidente que este fin no podría alcanzarse sin una adecuada programación de visitas a fábricas, y sin una asistencia masiva de los indus-triales del país a los actos del Congreso.
No hay que olvidar que los Congresos, como cualquier otra actividad de las colectividades humanas, exigen una apertura total de la válvula de la cordialidad para que lleguen a dar sus frutos óptimos.
Nuestros visitantes recorrerán muchos centenares de kilómetros para llegar a nuestro suelo, y este viaje lo harán movidos, en buena medida, por conocer-nos y por convivir unos días con nosotros.
Es de esperar que los ceramistas españoles y portugueses comprenderán claramente el papel que les corresponde en esta ocasión y contribuirán con su amable presencia a hacer más grata y útil la estancia de los colegas de otros países. Conviene recordar, además, que no se trata de »un Congreso», sino de «nuestro Congreso», porque su éxito o su fracaso quedará asociado al nombre de todos los ceramistas de nuestros dos países.
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