Las Dos Columnas
Si se nos permitiese llevar la organización de una empresa industrial a su esquema más simple, veríamos que, en esencia, esta estructura descansa en dos columnas fundamentales: Técnica y Administración. El éxito final depende de la solidez de ambas columnas y del equitativo reparto de funciones y responsabilida-des entre ellas. Antes de continuar adelante, quisiéramos salir al paso de un po-sible equívoco en cuanto a la definición de la función técnica. Para el objeto de nuestro razonamiento, debe entenderse como Técnica el conjunto de actividades más estrechamente vinculado a la producción industrial. En esencia, a la Técnica sólo le incumbe producir artículos de mejor calidad a menor precio. Son, pues, técnicos, según este criterio, el que proyecta o instala un nuevo equipo, el que supervisa o dirige una operación industrial, el que ensaya en una planta piloto, el que analiza y experimenta en un laboratorio, etc. La Administración, en cambio, debe preocuparse de la oportunidad de la producción^ en lo cualitativo y en lo cuantitativo, y también debe llevar a su cargo las relaciones exteriores que de una forma u otra afecten al equilibrio eco-nómico de la empresa. Es evidente que la función gerencial y administrativa está plena de responsabilidades, y no podría desarrollarse adecuadamente si a su frente no existiesen personas capacitadas. Esta capacitación no es fácilmente improvisa-ble y requiere la posesión de unas técnicas complejas. Así, pues, se hace impres-cindible el utilizar los servicios de otro sector altamente especializado —econo-mía, administración, legislación, etc.— que sin temor alguno podemos también designar como técnico. Las dos columnas: Técnica y Administración, aunque diferentes en naturaleza y funciones, requieren el concurso de personal altamente especializado. Las per-sonas especializadas deben rendir sus servicios a la empresa dentro de su propia especialidad, deben colaborar con su experiencia y actividades a robustecer la columna a la cual están vinculadas. Nunca insistiremos bastante en la conveniencia de mantener al personal de la empresa laborando en su propia especialidad. En la era actual, de acentuada especialización, no resulta fácil admitir poüfacetismos extravagantes. La impro-visación afortunada es más una excepción que una regla. Como norma, nunca encargaremos del mantenimiento del equipo electrónico a un oficial fresador, ni del proyecto de uña operación industrial a un oficial administrativo. Estos ejem-plos parecen burdos y obvios en extremo, pero existen desgraciadamente multitud de casos más encubiertos que participan de esta naturaleza. Por razones de costumbre o tradición, la columna gerencial o administrativa se eleva a más ultura que la columna técnica en cuanto a rango, consideración y compensación económica. Cuando el técnico alcanza las altas cimas de su co-lumna, llámese como quiera su cargo (director de fábrica, jefe de laboratorio, etcétera)^ aún ha de levantar los ojos para ver en otras cimas más elevadas los cargos relevantes de la columna gerencial y administrativa. La tentación de abandonar su propia columna para continuar ascendiendo por la otra, puede hacerse incontenible. E incluso la empresa puede considerar oportuno el facilitarle el paso para premiar con una alta posición administrativa ei mérito de una larga y eficaz dedicación a las funciones técnicas. El veterana ingeniero, químico, etc., que durante veinte o treinta años ha vivido íntimamente las innumerables contingencias técnicas de la fabricación, ve así cortada de re-pente su labor y amputado su ejercicio profesional, para ocupar un puesto mejor compensado y de más preeminencia, para el cual no está profesionalmente adap-tado. Su ya larga experiencia técnica es solamente aprovechada en parte, y en cambio ha de improvisar —felizmente si se quiere— en otros aspectos funda-mentales de su nuevo cargo. La columna técnica se ha convertido en vía de paso, en ejercicio transitorio, para escatar los altos puestos directivos de la empresa. Las cabezas técnicas más maduras abandonan su puesto de combate, su contacto diario con la fábrica o el laboratorio, en busca de una denominación o una compensación mejor sonantes. Nos parece urgente que las empresas que padezcan esta situación inventen denominaciones todo lo sonantes que se quiera y provean compensaciones econó-micas todo lo generosas que hagan falta para que sus técnicos sigan rindiendo en el estricto ejercicio de su profesión, sin necesidad de saltar a una columna que no es la suya. Una cosa es poner a disposición de la empresa su consejo cuando sea necesario, y otra el desertar definitivamente de un puesto de combate para el cual se está plenamente capacitado.
https://boletinessecv.es/wp-content/uploads/2025/03/20120511112621.z19630202.pdf