Dificultades Para La Las Publicaciones CientÍFicas En EspaÑA
El debate sobre la política editorial en ciencia y tecnología se ha visto animado en los últimos meses, con la publicación de varios artículos, tanto en prensa como en revistas especializadas, destinados a subrayar el reducido número de revistas científicas españolas con difusión internacional. Los datos publicados para el 2000 indican que el número de artículos de autores españoles recogidos en el Journal Citation Records (J.C.R.) del Scientific Citation Institute se ha duplicado en la ultima década superando ya los 19.000; ha aumentado así mismo el número de revistas españolas recogidas en el J.C.R, cifra que ha pasado de 16 a 31 en el último quinquenio y ha crecido también el índice de impacto de las mismas. De las 26 revista que estaban en el cuarto cuartil de su categoría en el año inicial de su inclusión, 16 se mantienen en el año 2000, pero 9 pasan al tercer cuartil y una al segundo.
No obstante, la presencia de revistas españolas es aún muy baja, 31 sobre las 4.500 recogidas en el J. C.R., que representa solo el 0, 65 %, mientras que la ciencia española representa el 2.7% de los artículos publicados a nivel mundial. Existe por tanto un amplio desfase entre el número de publicaciones españolas SCI 31 y más aún de revistas fuente, solo seis ellas, y el número total de revistas científicas y técnicas que se editan España. 891, ( 526 corresponden a las áreas de Medicina y Biomedicina, 18 incluidas en el J.C.R y 365 de Ciencias Básicas Experimentales y Tecnología, con sólo 13 en el J.C.R.).
Como dato adicional cabría destacar que sólo la mitad de estas revistas son tenidas en cuenta por el I.S.I para elaborar el reciente Indice de Prestigio, un nuevo parámetro bibliométrico que amenaza con desplazar al anterior por su mayor precisión ya que elimina las citas recibidas por los artículos de revisión. Dado que la mayoría de este tipo de artículos reciben una media de citas tres veces superior que los artículos originales, las revistas que tienen un alto porcentaje de revisiones inflan artificialmente su Factor de Impacto. El índice de prestigio trata de subsanar este defecto. De las 13 revistas sólo dos corresponden al área de tecnología, la Revista de Metalurgia y el propio Boletín de la SECV.
Los responsables de nuestra política científica y educativa, las empresas editoriales españolas e incluso los propios investigadores no son habitualmente conscientes de dos aspectos muy importantes relacionados con las publicaciones científicas. Primero, que el producto final de cualquier tipo de investigación científica, técnica o médica no suele ser un informe o una patente sino un artículo en una revista profesional. Segundo, que el coste que esto supone por artículo es de una media de entre 1.000 y 3.000 euros, cantidad que va a parar a las compañías editoriales por sus servicios, que beneficia en la actualidad sólo a empresas extranjeras, con el desprestigio adicional que ello supone para España, pues prácticamente la totalidad de nuestra producción científica de calidad se hace hoy día en revistas norteamericanas, alemanas, holandesas, inglesas y demás.
A esto habrá que añadir el alto precio de las suscripciones a las revistas aludidas, con cargo generalmente a proyectos de grupos de investigación o al presupuesto de las bibliotecas. En conjunto, un montante económico que será quizá ya de más de un 20% del presupuesto total de investigación del país. Así, y a la vista del potencial negocio que nuestra creciente actividad científica representa para las editoriales extranjeras, no es de extrañar que algunas de ellas hayan comenzado a instalar aquí sus delegaciones.
Desgraciadamente, y con escasas excepciones, las grandes editoriales privadas españolas sólo tienen interés por el área de humanidades y su dedicación a la ciencia, la medicina o la técnica no pasa de los libros de texto y unas pocas monografías – con las limitaciones adicionales de un mercado reducido casi exclusivamente a España e Hispanoamérica. Igualmente, nuestras abundantes editoriales públicas como las universitarias, el CSIC, etc. no van más allá del consumo interno y carecen de estrategias editoriales claras. Frente a este panorama, no debe olvidarse que España sólo será tenido en cuenta entre las grandes potencias científicas cuando, además de laboratorios e investigadores prestigiosos, posea empresas editoriales que exporten ciencia original impresa y en edición digital a Europa, EE UU, Japón, Australia, etcétera.
Las revistas españolas intentan progresar en la más absoluta soledad, apoyadas en el voluntarismo de editores y autores, rodeadas a veces, incluso de desconfianza no exenta de menosprecio, frecuentes amenazas de cierre y un mínimo soporte financiero institucional.
La dependencia excesiva de la publicidad, del patronazgo de algunas instituciones, o la debilidad financiera de las sociedades que respaldan estas revistas plantean graves incertidumbres a medio plazo para un gran número de ellas, cuya supervivencia podría peligrar a medio plazo. Sin embargo, si España pudiera tener tan sólo una buena revista científica internacional por cada área de conocimiento, daríamos un paso de gigante en la consideración exterior de nuestro prestigio científico y obtendríamos además generosos ingresos por este tipo de exportaciones. En este sentido, no nos cansaremos de repetir que debemos dejar de ser consumidores pasivos de ciencia del exterior para convertirnos en exportadores activos de la misma. Para ello, nuestro ariete más útil será la industria editorial.
Todas estas reflexiones avalarían la necesidad de implementar políticas públicas de ayuda para incrementar el número de revistas españolas en el J.C. R y que a su vez ayuden a incrementar el Indice de Impacto de las que ya están.
Algunas líneas de actuación podrían ser:
– Apoyo en la edición. Ayudas para la edición electrónica, creación de páginas web etc.
– Apoyo en la difusión. Ayudas para la inclusión de las revistas en buscadores y portales científicos nacionales e internacionales.
Estas medidas podrían concretarse tanto en apoyos económicos individualizados a revistas para alcanzar estos objetivos, como apoyos institucionales.
Estas actuaciones tienen que ir acompañadas de la implantación de evaluaciones de las revistas científicas y del
establecimiento de criterios de calidad que sean conocidos por los editores, como las que realiza el CINDOC (Centro
Nacional de Información y Documentación Científica. CSIC) para incluir las revistas científicas de sus bases de datos.
Una medida complementaria de apoyo a las revistas españolas sería su mayor valoración dentro del proceso de evaluación de la carrera investigadora.
Se ha propuesto, desde muy diferentes instancias, la inclusión en los curricula a evaluar de un apartado de artículos publicados en revistas españolas incluidas en el SCI. Este simple hecho permitiría incrementar el factor de impacto de las mismas, mejorar por tanto su visibilidad y asegurar en consecuencia, su supervivencia
En los últimos meses se han iniciado tanto desde la Fundación Nacional de Ciencia y Tecnología como desde el Portal Español de Ciencia y Tecnología del CSIC, algunas iniciativas; por el momento los editores de las revistas no hemos recibido aún un programa de actuación con objetivos y financiación definidos, esperemos que su retraso no ahogue el débil entramado de la edición científica española
J. Bordón, A. Felipe, I. Gómez. » Revistas españolas con factor de impacto en el año 2000″. Rev. Esp. Doc. Cient., 25,1, 2002
J. Arechaga » La importancia de publicar en España». El Pais 17 – 4 – 2001