La Casa De Las Puertas Abiertas
Hace solamente unos meses que se ha cumplido el tercer aniversario de la fundación de la Sociedad Española de Cerámica, En la historia de una Sociedad, éste es ciertamente un plazo breve y podemos con razón decir que la Sociedad está aún abriéndose a la vida y buscando los caminos que la han de conducir a la madurez. Ahora bien, la búsqueda de caminos no significa titubeo en sus metas. Al constituir la Sociedad en el año 1960, se expuso claramente en el articulado de su Estatuto una serie de objetivos a conseguir, e impregnando todas sus líneas quedó bien patente el espíritu de una Sociedad que nacía para hermanar a todos los ceramistas españoles en un ansia común de saber. La mirada está fija en un objetivo bien definido. El ideario está dibujado con toda nitidez-
La solidez de los principios sobre los que se basa la Sociedad Española dé Cerámica no admite ni pasos vacilantes, ni indecisnanes, ni titubeos enfermizos. Hemos iniciado un camino rectilíneo, y por él seguiremos avanzando con firmeza, con decisión y con la prisa o la calma que las circunstancias permitan. Lo único que nos importa es avanzar por el sendero trazado. El factor tiempo no nos in-quieta, porque sabemos que si Dios no nos da vida suficiente a nosotros se la dará a otros para que sigan empuñando la antorcha. El camino es uno y los transeúntes muchos.
La Sociedad tiene siempre sus puertas abiertas para todos los ceramistas. Y nos referimos a todas las puertas: las de entrada, y las de salida. La Sociedad no trata de deslumbrar a nadie con vanos ofrecimientos para que ingrese en su seno y tampoco impide o coacciona su salida. Es simplemente una casa con una norma de conducta y con un ambiente propio que tiene todas sus puertas permanentemente abiertas. El que quiera que entre, y si después de vivir en ella siente que ni recibe nada ni puede aportar nada, puede libremente abandonar la Sociedad. A nadie nos gusta sentirnos extraños en una comunidad.
Ya hemos dicho en otras ocasiones que a esta Sociedad de ceramistas venimos aprender y a enseñar. Venimos a ayudarnos mutuamente a conocer mejor nuestro oficio. Todos tenemos algo que enseñar y mucho que aprender. Para ello necesitamos un cauce, como el que ahora nos brinda la Sociedad Española de Cerámica. También es imprescindible romper una serie de barreras mentales y adoptar una postura de constructiva colaboración, pero ello ya no es función de una Sociedad, sino responsabilidad individual de sus miembros.
Esta gran casa de las puertas abiertas invita a todos los ceramistas que sientan la inquietud de una cerámica mejor. Invita a los que saben, porque pueden enseñar, y a los que no saben porque pueden aprender. Los que creen no saber nada ni poder nada son nuestros invitados de honor porque además de cerámica nos enseñarán humildad. Y los que creen saberlo todo y poderlo todo también están invitados, porque aunque no estén necesitados de aprender cerámica, siempre pueden aprender la gran lección de hermandad y de convivencia social.
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